Tu catadora de café
Cada mañana, ella disfrutaba de su culposo y furtivo hobbie de las 9am, ser catadora de café en labios ajenos. A escondidas del otro, ella se consideraba a sí misma una eminencia en el tema. Entraba a la cocina y el olor de su camisa denotaba si el café era recién hecho o no. Los restos de granos cafeinados en sus manos le explicaban la calidad del proceso de granulado y el tiempo de infusión. El suave aliento de su boca le señalaba la temperatura idónea de una estupenda taza más. El sabor de esos labios ajenos era el veredicto final, era el mismo café barato de cada mañana. - "¡Pero qué café!", pensaba ella. "Mi taza favorita siempre serán tus labios."