A mi yo de 27…

¿Les ha pasado que su “yo”del pasado resultaba más maduro e inteligente emocionalmente que su “yo” de la actualidad? Pues bueno, justo mi “yo actual”, de 29 años, tiene mucho que decir al respecto. Si bien, nada de lo que dije en mi entrada anterior envejeció de manera positiva, digámoslo así. Sin embargo, agradezco eternamente que lo haya escrito, pues ha funcionado como una cachetada de guante blanco. 

Un poco de contexto no caería mal. Esta semana sufrí la depresión más horrible, estresante, preocupante y devastadora de mi vida. Llevo aproximadamente 2 años sufriendo la ruptura de la mejor relación que he tenido hasta ahorita (abro un paréntesis porque espero mi “yo” de 32 años regrese a esta entrada y me corrija rotundamente, afirmando que después llegó algo mil veces mejor). Sin embargo, por el momento duele, porque es una ruptura de esas que no tienen respuesta, que no tienen lógica y que por más que intentes solucionar, la última palabra no la tienes tú. 

Entonces, ¿cómo afecta esto a una, como el título de este blog lo indica, millennial de 30 años? No tienes una idea, es un sin fin de emociones que te consumen, que no te permiten respirar y te dejan tirada en cama por días. Y quiero dejar en claro que gran culpa de esto es mía, porque me dí cuenta muy tarde que el 50% de mi relación perfecta existía en mi cabeza, y el otro 50% era real. 

Te ves de 27 años, con novio, ansiando que a la vuelta de la esquina esté el anillo esperándote, claro que no falta nada para que te pida mudarse juntos, y decidan abrir una cuenta de banco entre los dos. Aquí hay dos cosas, lo interesante y lo chistoso. Lo interesante es que eso nunca pasó, nunca se habló seriamente y menos se concretó. Lo chistoso, ríanse conmigo todos, es que es lo que más duele. La idea, de que esa otra idea, que nunca se planeó, no va a pasar. Esa caída libre llegó a su final y… ¡Ay wey!, si me dolió. 

Pero, ¿quién chingados me elevó tanto? Ni siquiera fue él, fui yo sola. Si bien, el me dio un buen empujón, quién siguió aleteando como pendeja enamorada hasta el infinito y más allá fui yo. Ándale, eso te pasa, por esperar el cuento de hadas, por tomar la iniciativa e ir por el todo, cuando eso ni siquiera era parte del trato.




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